Vistas de página en total

domingo, 8 de agosto de 2021

2 MACABEOS. ÍNDICE

 


2 MACABEOS. CAPÍTULO XV

 151Cuando recibió Nicanor la noticia de que las tropas de Judas andaban por Samaría, determinó atacarles sin exponerse, en día de descanso. 2Los judíos que le seguían por la fuerza dijeron:

-No los aniquiles de esa forma tan cruel y tan bárbara. Honra ese día, honrado y santificado por el que lo ve todo.

3Pero el bandido preguntó si había en el cielo un soberano que hubiera mandado celebrar el día del sábado. 4Ellos respondieron:

-El Señor vivo, el soberano del cielo, es quien mandó celebrar el día séptimo.

5Y el replicó:

-Pues yo soy soberano de la tierra, que ordeno empuñar las armas y servir los intereses del rey.

Sin embargo, no logró realizar su cruel designio.

6Mientras Nicanor, irguiendo el cuello con toda jactancia, se proponía levantar un trofeo a su victoria sobre las tropas de Judas, 7el Macabeo no perdía su confianza, esperando firmemente recibir ayuda de parte del Señor, 8y animaba a los suyos a no temer el ataque de los paganos, sino a recordar las ayudas recibidas del cielo anteriormente y a esperar la victoria que les iba a conceder el Todopoderoso. 9Los exhortó con textos de la Ley y los Profetas, y recordándoles los combates que habían sostenido los enardeció. 10Y a la vez que los llenaba de entusiasmo les dio instrucciones, mostrándoles la perfidia de los paganos, que violaban los juramentos.

11Así los alegró a todos, armando a cada uno no tanto con la seguridad que dan los escudos y las lanzas cuanto con el ánimo que dan las palabras de aliento, y con un sueño fidedigno, una especie de visión, que les contó. 12En el sueño vio lo siguiente: Onías, el antiguo sumo sacerdote, un hombre a carta cabal, de aspecto venerable, de carácter suave, digno en su hablar, ejercitado desde niño en la práctica de la virtud, extendía las manos y rezaba por toda la comunidad judía. 13Después, en igual actitud, se le apareció a Judas un personaje extraordinario por su ancianidad y su dignidad, envuelto en un halo de majestad maravillosa. 14Onías tomó la palabra para decir:

-Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ama a sus hermanos e intercede continuamente por el pueblo y la Santa Ciudadf.

15Entonces Jeremías extendió la mano derecha y entregó a Judas una espada de oro, mientras decía:

16-Toma la santa espada, don de Dios, con la que destruirás a los enemigos.

17Arengados por aquellas magníficas palabras de Judas, capaces de llevar al heroísmo y de infundir a los jóvenes el vigor de hombres maduros, decidieron no esperar, sino tomar la ofensiva valerosamente y decidir el asunto con valentía, todos unidos, ya que peligraban la ciudad, la religión y el templo. 18La preocupación por sus mujeres y niños, además de sus hermanos y parientes, no les importaba mucho; temían sobre todo por el templo consagrado.

19Ni era menor la angustia de los que quedaron en la ciudad, preocupados por el combate que iba a librarse en campo abierto. 20Mientras todos aguardaban el desenlace inminente, ya estaban concentrándose los enemigos: el ejército formaba para la batalla, los elefantes estaban colocados en puntos estratégicos y la caballería se situaba en los flancos.

21Al ver el Macabeo el despliegue de aquella masa, la variedad del armamento y la fiereza de los elefantes, levantó las manos al cielo invocando al Señor, que hace prodigios, sabiendo que a los que lo merecen les da la victoria, no por las armas, sin por el medio que quiere. 22Su invocación a Dios fue la siguiente:

-Señor: tú, en tiempo de Ezequías, rey de Judá, enviaste a tu ángel y exterminó a ciento ochenta y cinco mil del campamento de Senaquerib. 23Señor de los cielos: envíanos ahora un ángel que nos preceda sembrando un terrible pánico. 24Que la grandeza de tu brazo quebrante a los que han llegado blasfemando contra tu pueblo santo.

Así terminó.

25Mientras los de Nicanor avanzaban al son de cornetas y cantos de guerra, 26los de Judas trabaron combate con el enemigo entre invocaciones y rezos; 27y luchando con las manos, pero orando a Dios con el corazón, dejaron tendidos por lo menos a treinta y cinco mil. Y rebosaron de alegría por la intervención manifiesta de Dios.

28Acabada la contienda, cuando volvían llenos de gozo, descubrieron a Nicanor muerto, con la armadura puesta. 29En medio del griterío y el alboroto alababan al Señor en la lengua materna. 30Y el que, todo él, en cuerpo y alma, estaba siempre luchando en el primer puesto por sus conciudadanos, el que nunca había perdido el afecto de su juventud para con sus compatriotas, ordenó que a Nicanor le cortaran la cabeza y el brazo por el hombro y que los llevaran a Jerusalén.

31Al llegar allí convocó a sus compatriotas y a los sacerdotes, y puesto en pie ante el altar mandó buscar a los de la acrópolis: 32les mostró la cabeza del infame Nicanor y la mano que aquel blasfemo había extendido contra la santa morada del Todopoderoso, lleno de arrogancia; 33después cortó la lengua del impío Nicanor, y mandó que se la echaran a los pájaros en pedazos, y que colgaran ante el santuario el pago que merecía su locura.

34Todos levantaron los ojos al cielo, alabando al Señor glorioso:

-¡Bendito tú, que has guardado sin mancha tu lugar santo!

35Judas colgó de la acrópolis la cabeza y el brazo de Nicanor, como prueba visible y manifiesta a todos de la ayuda del Señor, 36y todos, de común acuerdo, decretaron no dejar pasar aquel día inadvertido, sino celebrar fiesta el día trece del mes doce -en arameo, Adar-, la víspera del día de Mardoqueo.

Epílogo

37Así acabó la historia de Nicanor. Como desde aquel tiempo la ciudad quedó en poder de los hebreos, yo también pondré aquí punto final a nuestra historia.

38Si he logrado dejarla bien escrita y construida, eso es lo que yo quería. Si me ha salido vulgar y mediocre, he hecho lo mejor que he podido.

39Es desagradable beber vino solo o agua sola; en cambio, el vino mezclado con agua es agradable, es un placer para el gusto. Pues lo mismo pasa en una obra literaria, donde el estilo variado es un placer para el oído del lector.

Y con esto terminó.

Explicación.

15 Entre tanto, Judas con sus tropas se ha alejado de Jerusalén y ha pasado a Samaría, territorio fuera de su dominio. Esto permite a Nicanor, y al autor, llegar a la solución por las armas, que hace poco había evitado. El cambio resulta subrayado. Será la batalla final; como si dijéramos, una batalla escatológica.

15,2-5 La cosa comienza con un nuevo desafío: el primero era sobre el templo, éste es sobre el sábado. Dos instituciones fundamentales y síntesis de la persecución de Antíoco IV.

Unos judíos fieles y forzados bajo el mando enemigo no parece concordar con la tesis del autor; pero tampoco quiere confesar la existencia de judíos colaboracionistas voluntarios del ejército de Nicanor.

El diálogo sirve para profesar la santidad del sábado como institución divina que también los paganos deben respetar. También sirve para enfrentar, en dos frases resonantes, el soberano del cielo y el de la tierra. Así queda netamente planteado el desafío y los términos del combate.

Sobre los muertos por respetar el sábado, véase 6,11.

15,6-8 El comienzo subraya la oposición entre Nicanor, "con toda jactancia" y Judas, "con toda esperanza"; o sea, la confianza humana en las propias fuerzas y la confianza en el auxilio de Dios. Tema de venerable tradición en la Escritura. Después de la breve aparición de Nicanor, el autor se dilata en los preparativos de la batalla: arenga, visión, oración. Son una síntesis final que pude acompañar al lector cuando termine el libro; son su programa teológico en acción.

15,9 La Ley y los profetas equivale a la Escritura. La arenga militar resulta ser una especie de homilía.

15,10 Los paganos quedan englobados en un juicio sumario. Es inútil pactar con ellos. Es otro el juicio de 1 Mac, que dedica amplio espacio a las alianzas con Roma y Esparta.

15,11 Es sueño es una comunicación sospechosa en aquellos tiempos (véase Eclo 34). Por eso el narrador añade que el sueño era fidedigno, como los de los patriarcas. El sueño toma aquí el puesto de la teofanía; por eso es significativa la diferencia: no son seres celestes que combaten, sino miembros de la comunidad que interceden. Su apariencia muestra que viven glorificados, pero siguen unidos a los vivos en sus crisis.

15,12 Onías es el sumo sacerdote asesinado al comienzo de la persecución (4,33). El elogio es una especie de canonización del personaje; sus virtudes son de carácter cívico. Es patente la oposición a Menelao y Alcimo.

15,13-16 Más curiosa es la aparición de Jeremías. En efecto, Jeremías fue el gran profeta de la catástrofe, el que predicó incansablemente la rendición, el "desmoralizador", el que murió fracasado en Egipto. Este personaje aparece aquí recomendando la resistencia y anunciando el triunfo: ¿hay intención polémica en la selección de la figura?, ¿apelaban los colaboracionistas a los oráculos de Jeremías? Jeremías, que manda someterse a Nabucodonosor en nombre de Dios, que apoya al prefecto Godolías, nombrado por los caldeos, ahora entrega una espada y la llama "don de Dios". Si el sueño no es polémico, al menos es paradójico.

Más aún: a Jeremías le prohibieron en vida interceder: Jr 7,16; 11,14; 14,11; aunque se lo pidiera el rey Sedecías, 37,3. Después de muerto intercede por el pueblo que vio ir al destierro, por la ciudad que vio en llamas.

El don de la espada es como una investidura o consagración militar; como la consagración profética de Jeremías o de Ezequiel, conjugando rito y palabra. La fórmula "toma" (accipe) es común en la liturgia latina de ordenaciones y consagraciones personales.

15,17-19 Los versos quieren presentar la dimensión coral del pueblo como en el cap. 3: en el momento del peligro todos están unidos. El autor alarga retóricamente, complaciéndose en los contrastes de emociones.

15,27 Y después de tantos preparativos, al llegar el momento culminante, el narrador escamotea la batalla. Más que batalla ha sido una pura victoria, manifestación patente de Dios (epiphaneia).

15,28-33 La suerte de Nicanor, su cabeza cortada, exhibida y colgada en la muralla, pudieron inspirar al autor del libro de Judit (Judit en vez de Judas).

La escena, que a nosotros nos suena como un saborear la venganza, es en la visión del autor el pago de la ley de talión: se trata de la cabeza que se erguía jactanciosa (15,6), la lengua que desafiaba blasfemando (14,33), la mano que se alzó para jurar. El cumplimiento de esta justicia "vindicativa" es teofánico para los judíos: se manifiesta el Dios justiciero (Sal 94) y los suyos se llenan de gozo (Sal 58).

El narrador subraya fuertemente que el ejecutor de la justicia es el protagonista de la lucha, el amante de sus conciudadanos. A la luz de 2 Re 6,22 (Eliseo y el rey) podemos comentar: aunque Judas no ha matado personalmente a Nicanor, tiene derecho a cortarle la cabeza como protagonista de la contienda recuérdese que fue David y no Saúl quien cortó la cabeza a Goliat muerto.

15,31-34 La acrópolis no parece ser para el autor la pesadilla que fue realmente para los Macabeos, y que refleja el primer libro; nuestro autor los introduce como a un grupo particular de ciudadanos; se unirán a "todos" en la común alabanza al Señor, que lleva el título de "glorioso" o "manifiesto" (epiphanes).

15,35 La cabeza y el brazo colgados, como "prueba visible" (phaneron semeion) se oponen al trofeo que Nicanor había prometido erigir (15,6).

15,36 Sobre el día de Mardoqueo, véase el final del libro de Ester.

15,37 El autor considera artificialmente que con este episodio se consuma y consolida el dominio judío en la ciudad. Históricamente, la cosa sucedió el año 161.

15,38-39 El autor añade un epílogo, satisfecho de su trabajo y del resultado. Sobre todo se siente satisfecho del arte de la composición: de su  mezcla equilibrada de escenas terribles y apacibles, de escenas vivas y resúmenes generales, de estilo dilatado y apretado. No habla aquí del valor de enseñanza y edificación, sino de valores retóricos de forma.

No podemos negar que a los lectores de la época les agradó esta composición. Más tarde unos buscaron en el libro inspiración militar; otros lo leyeron como documento excepcional del estilo "asiánico", sin pretender que tal estilo sea valioso.

Nosotros, sobreponiéndonos con esfuerzo al estilo y a muchas ideas del libro, lo respetamos y acogemos como testimonio de una fe y una esperanza en momentos críticos de la historia de un pueblo.

2 MACABEOS. CAPÍTULO XIV

 Expedición de Nicanor (1 Mac 7)

141Pasados tres años, llegó a los de Judas la noticia de que Demetrio Seléucida había penetrado en el puerto de Trípoli con una flota y un gran ejército, 2había matado a Antíoco y a su preceptor, Lisias, y se había apoderado del país.

3Un tal Alcimo, que anteriormente había sido sumo sacerdote y que durante la secesión se había contaminado voluntariamente, pensando que ya no tenía salida alguna, ni podría ya subir al sagrado altar, 4fue a entrevistarse con el rey Demetrio el año ciento cincuenta y uno, llevando una corona de oro y una palma, además de los acostumbrados ramos del templo. Aquel día no pidió nada; 5pero aprovechando una buena oportunidad para su insensatez, cuando Demetrio lo llamó al Consejo y le preguntó en qué disposición de ánimo y en qué plan estaban los judíos, respondió:

6-Los judíos llamados leales, capitaneados por Judas Macabeo, fomentan la guerra y promueven rebeliones y así no dejan que el Imperio disfrute de estabilidad. 7Debido a eso, viéndome despojado de mi dignidad hereditaria -quiero decir, del sumo sacerdocio-, me presento aquí ahora, interesado sinceramente, 8en primer lugar por los derechos del rey, y en segundo lugar mirando por el bien de mis conciudadanos; pues por la falta de cabeza de los que antes mencioné todo nuestro pueblo está sufriendo muchísimo. 9Tú, rey, infórmate de todo esto en detalle, y según tu bondad comprensiva con todos vela sobre el país y sobre nuestra raza, cercada por todas partes; 10porque mientras viva Judas será imposible que el Estado disfrute de paz.

11Después de hablar así, los otros Grandes del Reino, hostiles a Judas en todo, empezaron enseguida a calentar a Demetrio.

12Inmediatamente eligió a Nicanor, que era jefe de la sección de elefantes; lo nombró gobernador de Judá 13y lo envió con órdenes de aniquilar a Judas, dispersar a sus partidarios e imponer a Alcimo como sumo sacerdote del augusto templo.

14Por su parte, los paganos de Judá que habían escapado de Judas se agregaron en tropel a Nicanor, pensando que los infortunios y desgracias de los judíos iban a ser su prosperidad.

15Al enterarse los judíos de la expedición de Nicanor y la agresión de los paganos, echándose tierra encima rezaban al que había constituido a su pueblo para siempre y siempre ayudaba manifiestamente a su porción.

16A una orden del jefe, salieron en seguida de allí y llegaron a las manos junto a la aldea de Desau. 17Simón, el hermano de Judas, había trabado combate con Nicanor, pero por la llegada repentina del enemigo sufrió un revés momentáneo; 18sin embargo, Nicanor no se atrevía a resolver la batalla a base de sangre, porque estaba enterado del valor de las tropas de Judas y de su coraje en la lucha por la patria. 19Por eso envió a Posidonio, Teódoto y Matatías para negociar la paz.

20Después de una larga deliberación sobre las condiciones, el jefe se las comunicó a la tropa, y todos estuvieron de acuerdo con el tratado de paz. 21Fijaron una fecha para una entrevista privada de los jefes, en un sitio determinado. De ambos bandos se adelantó un vehículo; colocaron asientos.

22Judas había apostado gente armada en sitios estratégicos, dispuesta a intervenir si los enemigos les jugaban de repente una mala partida. La entrevista se desarrolló normalmente.

23Nicanor se detuvo en Jerusalén, y se portó con toda corrección, y hasta licenció a las tropas que se le habían agregado en masa. 24Tenía a Judas continuamente a su lado, y sentía por él un sincero afecto. 25Le aconsejó casarse y fundar una familia. Judas se casó, vivió feliz, como un ciudadano ordinario.

26Pero Alcimo, al ver la amistad que tenían, se fue a Demetrio con una copia del pacto que habían firmado, y le dijo que Nicanor tenía ideas contrarias a la política del Gobierno, pues había nombrado sucesor suyo a Judas, el conspirador contra el Imperio.

27El rey, enfurecido e irritado con las acusaciones de aquel perfecto canalla escribió a Nicanor, diciéndole que estaba disgustado por lo del pacto, ordenándole que arrestara al Macabeo y se lo enviara rápidamente a Antioquía.

28Cuando Nicanor recibió aquella carta quedó abatido, con un gran disgusto por tener que anular el pacto sin que aquel hombre hubiera cometido ninguna injusticia. 29Pero como no se podía contradecir al rey, aguardaba la ocasión de cumplir la orden mediante una estratagema.

30Por su parte, el Macabeo observó que Nicanor lo trataba con cierta frialdad y que las relaciones normales se habían puesto difíciles. Pensando que aquella frialdad no presagiaba nada bueno, reunión a muchos de los suyos y se le escapó a Nicanor ocultamente.

31Nicanor vio que aquel hombre lo había ganado limpiamente en la maniobra; se presentó en el augusto y santo templo mientras los sacerdotes ofrecían los sacrificios rituales, y les ordenó que le entregaran aquel hombre. 32Ellos le dijeron y le juraron que no sabían dónde podría estar el que buscaba. 33Entonces él extendió la mano derecha hacia el santuario y juró así:

-Si no me entregáis preso a Judas, arrasaré este santuario de Dios, derribaré el altar y levantaré aquí un templo magnífico en honor de Baco.

34Dicho esto se fue. Y los sacerdotes elevaron las manos hacia el cielo, invocando así al que siempre había luchado por nuestro pueblo:

35Tú, Señor, que no necesitas nada en el mundo, quisiste que estuviera entre nosotros el templo donde resides. 36Pues bien, Señor santísimo, guarda sin mancha eternamente esta casa recién purificada.

37Denunciaron ante Nicanor a un tal Razis, del Senado de Jerusalén, un hombre que amaba a sus conciudadanos, muy estimado, y al que llamaban por su bondad <<padre de los judíos>>. 38Al principio de la secesión había sido acusado de practicar el judaísmo, y se había entregado al judaísmo en alma y cuerpo, sin reserva.

39Nicanor quería mostrar su malevolencia respecto a los judíos, y envió más de quinientos soldados para arrestarlo, 40pensando que con eso asestaba un duro golpe a los judíos.

41Cuando los soldados estaban a punto de apoderarse de la torre y querían forzar la puerta del atrio, se les ordenó prender fuego e incendiar las puertas. Entonces Razis, acorralado, se clavó la espada, 42prefiriendo morir noblemente antes de caer bajo las garras de aquellos criminales y tener que sufrir ultrajes indignos de su nobleza. 43Pero en la precipitación de la lucha no acertó con el golpe, y las tropas entraban ya puertas adentro. Entonces corrió valientemente hacia la muralla y se tiró abajo sobre los soldados, como un héroe. 44Los soldados retrocedieron inmediatamente, dejando un espacio libre, y allí cayó, en medio del espacio vacío. 45Todavía respiraba. Se levantó enardecido; arrojando sangre a chorros, herido gravemente, corrió por entre las tropas, se encaramó a una peña 46y ya completamente exangüe se arrancó los intestinos, los agarró con las dos manos y se los tiró a las tropas; suplicó al Dueño de la vida y del espíritu que se los devolviera de nuevo, y así murió.

Explicación.

14-15 Con el episodio de Nicanor, el autor recobra el gusto de narrar con viveza y dramatismo. Quiere concluir su libro con una narración que haga eco a la de Heliodoro, marcando en la semejanza la diferencia: el desenlace de Heliodoro da paso a la desgracia; el de Nicanor confirma la estabilidad final y feliz.

Encontramos en el espacio de dos capítulos la intriga, la rivalidad, el cambio de ánimo y de situación, encuentros y emboscadas, la escena teatral y gesticulante, el diálogo de frases lapidarias contrapuestas; la teofanía de jinetes áureos está sustituida por un sueño apacible e inspirador.

La narración se concentra en pocos personajes, a través de los cuales sucede la colisión gigantesca de dos reinos.

Los personajes son dos paganos, Antíoco y Nicanor, y dos judíos, Alcimo y Judas. Se puede añadir el personaje de Razis. Sus relaciones se entrecruzan: porque Alcimo traiciona a los suyos, mientras Nicanor, por un momento, se vuelve leal a Judas (no traidor a Antíoco). Este cruce de lealtades da interés a la trama.

Los dos reinos que chocan son el imperio humano de los griegos y el reino en la tierra de Dios, la teocracia judía. El reino pagano tiene un rey, un general; es perverso, desleal con los hombres, soberbio frente a Dios. Es agresor contra el pueblo y el templo, y en su agresión soberbia provoca la respuesta del cielo. Ese reino humano puede seducir a algún judío, que se convierte en apóstata y deja de pertenecer a la teocracia.

El reino judío está formado por los leales al pueblo y a la Ley; está unido en la oración con sus muertos, que interceden por los vivos y los animan. Cierran las filas en torno al templo y al jefe. Pero su verdadero señor es Dios, que reina en medio de ellos, los protege y derrota al enemigo. Los sucesos trascienden su apariencia histórica.

El enemigo muere y entrega sus miembros a los pájaros, al escarmiento público; el judío muere y entrega sus miembros a Dios para recobrarlos en la nueva vida.

Hay que comparar esta narración con la correspondiente de 1 Mac 7, para apreciar los cambios intencionados de nuestro autor.

14,1 Cambio de dinastía en Siria. Continúa en su puesto Judas Macabeo.

14,3 En 1 Mc Alcimo aparece como sumo sacerdote, reconocido por los judíos. Aquí aparece voluntariamente contaminado y, por tanto incapaz de funciones sagradas. Es fácil comprender que es un representante del partido colaboracionista, y por eso denuncia a Judas como jefe de un partido, los Leales (o asideos o hasidim). Nuestro autor no reconoce la existencia de los dos partidos y por eso no menciona los seguidores de Alcimo, como lo hace 1 Mac.

14,4 Los dones que ofrece el rey proceden del tesoro del templo, lo cual prueba que tenía acceso al lugar sagrado y podía disponer de sus bienes. Esos ramos "acostumbrados" era un modo de tributo; nuestro autor no puede reconocer que el templo fuera tributario.

14,5 Insensatez era aspirar a ejercer el sumo sacerdocio después de haberse contaminado. También es insensatez el discurso que va a pronunciar ante el rey.

14,6 El nombre es histórico. Los hasidim se dieron ese nombre probablemente como profesión de lealtad a la alianza. Se sumaron a la rebelión de los Macabeos y llegaron a dominar. Parece ser que pronto se desmembraron del movimiento los esenios y los fariseos.

14,8 El razonamiento -para el autor, insensato- representa bastante bien la actitud del partido colaboracionista: su deseo de paz con el soberano, su afán por el bien del pueblo judío, tal como ellos lo entienden, su juicio de los rebeldes como gente sin cabeza.

14,9 Prácticamente apela al rey como a salvador de los judíos asediados. El título añadido al nombre del rey era Soter.

14,10 Las últimas palabras subrayan la alternativa no de partidos, sino de personas.

14,11 Se supone que en la corte real no hay ningún partidario de Judas. Es como una conjuración unánime contra el Macabeo, que al mismo tiempo exalta su figura e importancia.

14,13 "Partidarios" se toma aquí en sentido militar en la mente del autor, la cual se hace oír también en el adjetivo "augusto". Para el enemigo, "los partidarios" son realmente un partido limitado.

14,14 También la designación "paganos" responde a la visión del autor. Se refiere a colonos extranjeros establecidos en Judea (nunca menciona la ciudadela dotada de guarnición extranjera). Los paganos no convertidos no tienen puesto en la teocracia, por eso han huido al asumir el poder Judas. Entre estos paganos se podían encontrar los pueblos vecinos, ansiosos de expansión, como en otros tiempos, a costa de Judea.

14,15 En la oración se expresa muy bien el carácter definitivo de la elección del pueblo y el carácter patente (met´epiphaneias) de la intervención divina a lo largo de la historia. Es seguro que lo mismo sucederá en el peligro presente. Hay ecos de salmos en este resumen, por ejemplo, 68,10; 94,14.

14,16 Si este Desau griego corresponde al hebreo Adasá, el encuentro sucedió a unos ocho kilómetros al norte de Jerusalén. Esta penetración puede explicar el desconcierto improviso de Simón.

14,17 Pero los reveses judíos ahora son pasajeros, no tienen consecuencias y nunca los sufre Judas. A éste le basta su fama para imponerse al enemigo.

14,21-24 La paz se firma solemnemente y a la paz sigue la amistad de los dos jefes.

14,25 Este verso suena a final dichoso de una historia, en la que Judas fuera el protagonista. Abandona la vida militar y comienza una vida de familia mezclado a los demás. Hay que notar los tres verbos finales como síntesis.

Pero Judas no es el verdadero protagonista; está al servicio de la teocracia y todavía le queda una batalla por pelear. Por eso la historia recomienza con renovado interés narrativo. Porque Alcimo sigue fiel a su papel de traidor y Nicanor sigue perteneciendo al pueblo agresor, está al servicio del enemigo, a pesar de sus buenos sentimientos.

14,26 "Sucesor": si se toma en sentido técnico, equivale al título de candidato, al título de grande del reino, con un puesto preciso en el escalafón. Esto sería conferir a Judas un puesto entre los funcionarios imperiales. En sentido ordinario puede significar sucesor como gobernador del territorio.

Alcimo presenta a Judas no sólo como rebelde, sino como capaz de atraer a su rebeldía a los generales más insignes del Imperio. Un individuo en extremo peligroso.

14,27 La orden del rey enfrenta a Nicanor con una alternativa ineludible: o romper con el nuevo amigo y sellar la ruptura entregándolo, o incurrir en las iras del rey, perdiendo el cargo y la vida. Judas prisionero será el precio de la reconciliación.

14,28-29 El pagano, atraído un momento por la nobleza de Judas, no puede resistir las órdenes de su soberano terrestre. Aunque estas órdenes sean manifiestamente injustas. Es parte del juego de los imperios paganos, que no poseen la Ley del Señor.

14,31 Aquí comienza el despacho de Nicanor, de donde pasará a la cólera, a las amenazas. Buscando a Judas tiene que enfrentarse con el templo: su deslealtad se convierte en sacrilegio. El Dios de ese templo queda emplazado.

14,33 "Magnífico" es en griego epiphanes, el título de Antíoco IV. Sobre el culto a Baco, véase 6,7: la resonancia es significativa, los tiempos han cambiado, aunque los paganos no hayan cambiado.

14,35 Véase la oración de Salomón (1 Re 9,3).

14,36 Como fondo de esta súplica resumida puede leerse el salmo 74.

14,37 En este momento del desafío en torno al templo, el autor interrumpe la narración para dar cabida a un episodio que considera impresionante.

14,37-46 Razis es la figura opuesta a Alcimo: no se ha helenizado, ha sido fiel al "judaísmo" con peligro de la vida. Razis representa el honor del pueblo, es un padre de la patria demás de ser un senador; un golpe a su persona es un golpe asestado al pueblo judío. Razis es en estos momentos como un nuevo mártir por mano propia: muere profesando la fe en la inmortalidad; con su muerte gana el premio para sí y la protección para sus conciudadanos, y deja un ejemplo de fidelidad hasta la muerte. Razis podía ser invocado como patrono de los futuros zelotas, partidarios de la lucha armada, dispuestos a morir antes que rendirse.

El autor lo presenta como modelo: en la teocracia se pude morir con honor y recobrar una vida mejor. No está claro si en este caso se plantea el autor la hipótesis extrema o hace una afirmación confiada. La hipótesis extrema sonaría: aunque todo el pueblo judío tuviera que morir como Razis, antes de entregar su honor, Dios le devolvería la vida. Visión escatológica. La afirmación confiada sonaría: nunca le faltarán al pueblo judío representantes dispuestos a morir para salvar el honor y la vida de los demás. En la dinámica narrativa encaja mejor la segunda interpretación.

14,41 No queda claro el escenario. Quizá se trate de una sección más elevada de su casa, en la que se refugia el hombre perseguido. Las llamas sirven para cerrarle toda salida, no para abrasarlo; los soldados quieren cogerlo vivo.

14,42-43 El autor va comentando con adverbios: noblemente, valientemente, como un héroe. Toda la escena resulta, más que dramática, teatral. En ella culmina el estilo del autor.

2 MACABEOS. CAPÍTULO XIII

 Paz con Antíoco

131El año ciento cuarenta y nueve les llegó a los de Judas la noticia de que Antíoco Eupátor avanzaba sobre Judá con muchas tropas y que iba con él Lisias, su preceptor y jefe de Gobierno. 2Tenían un ejército de ciento diez mil griegos de infantería, cinco mil trescientos jinetes, veintidós elefantes y trescientos carros falcados.

3Menelao se les añadió y animaba a Antíoco con mucho disimulo, no para salvar a la patria, sino con intención de conservar su cargo. 4Pero el Rey de reyes excitó la cólera de Antíoco contra aquel malvado, y como Lisias demostró que aquél era el causante de todos los males, Antíoco ordenó que lo llevaran a Berea y lo ajusticiaran allí según la costumbre del lugar: 5hay allí una torre de veinticinco metros, llena de ceniza, provista de una máquina giratoria inclinada por todas partes hacia la ceniza; 6allí era donde todos empujaban al responsable de un robo sacrílego, o al autor de otras enormidades, para que pereciera. 7Con tal muerte acabó aquel prevaricador, Menelao, que ni siquiera tuvo sepultura. 8Con toda justicia: puesto que había cometido muchos pecados contra el altar cuyo fuego y ceniza eran puros, en la ceniza recibió la muerte.

9Pero el rey avanzaba con planes feroces, para que los judíos lo pasasen peor que en tiempo de su padre.

10Cuando recibió Judas esta noticia, exhortó a la gente a pedir al Señor día y noche que también entonces, como otras veces, socorriese a los que iban a quedar privados de la Ley, la patria y el templo santo, 11que no permitiera a gentes blasfemas someter al pueblo, que empezaba apenas a respirar.

12Después de hacerlo todos a una, suplicando al Señor misericordioso con llantos, ayunos y postraciones tres días seguidos, Judas los arengó y les ordenó concentrarse. 13Se reunió en privado con los senadores y determinó salir a resolver el asunto con la ayuda de Dios antes que el ejército del rey entrase en Judá y se apoderase de la capital. 14Confiando al creador del universo el resultado, arengó a los suyos, animándoles a luchar valerosamente hasta la muerte por las leyes, el templo, la ciudad, la patria y las instituciones. Y marchó a acampar en los alrededores de Modín.

15Después de darles la contraseña: <<¡Victoria de Dios!>>, con unos cuantos jóvenes de los más valientes lanzó un ataque nocturno contra la tienda real: mató unos dos mil hombres en el campamento enemigo, y acribillaron al principal de los elefantes con el que iba en la torreta. 16Finalmente, llenaron el campamento de espanto y confusión, y se marcharon victoriosos. 17Cuando amanecía, ya estaba hecho todo, gracias a la protección que el Señor les prestaba.

18Cuando el rey saboreó la audacia de los judíos, intentó apoderarse de las plazas valiéndose de estratagemas. 19Se acercó a Betsur, plaza judía fortificada; lo hicieron huir; atacó, lo vencieron.

20Judas envió lo necesario a los sitiados. 21Pero Rodocó, del ejército judío, pasó información secreta a los enemigos; lo descubrieron, lo apresaron y lo ejecutaron.

22El rey volvió a parlamentar con los de Betsur: les ofreció la paz, la aceptó de ellos y se retiró; atacó a los de Judas y salió derrotado. 23Recibió la noticia de que Felipe, que había quedado al frente del Gobierno, se había sublevado en Antioquía. Consternado, habló con los judíos, se sometió con juramento a todas las condiciones razonables, hizo las paces y ofreció un sacrificio, honró al templo y se portó bien con el lugar santo. 24Recibió al Macabeo, y dejó a Hegemónidas de gobernador desde Tolemaida hasta Guerar.

25Luego marchó a Tolemaida. Los de Tolemaida llevaron a mal los pactos, pues estaban indignadísimos, y querían anular lo estipulado. 26Pero Lisias subió a la tribuna, hizo una defensa lo mejor que pudo, los convenció, los calmó, los dejó en disposición de ánimo favorable y marchó a Antioquía.

27Así acabó la expedición y retirada del rey.

Explicación.

13 El asalto, derrota y paz de Antíoco V es una culminación. No del arte narrativo del autor, sino de la importancia para la tesis teológica. Se trata del rey mismo, con un ejército inmenso, decidido a superar en crueldad a su padre Epífanes. Como otro Senaquerib, pretende invadir Judá y conquistar su capital. Otro agravante de la empresa es que significa la ruptura de los pactos (cap. 11).

Narrativamente, el capítulo repite los consabidos esquemas. Dos puntos se pueden resaltar: uno, la desproporción entre las largas oraciones y las fulminantes acciones; otro es el artificio estilístico de acumular verbos próximos para concentrar mucha acción en poco espacio, para subrayar la eficacia de la protección divina.

Equivale al año 163 a. C.; 1 Mac 6,20 la data un año después, en verano del 162.

13,2 Números algo diversos en 1 Mac 6,30.

13,3 El episodio de Menelao parece no encajar bien en este puesto, especialmente por el verbo griego parekalei, que significa animar, incitar, requerir, etc. Si animaba al rey en la empresa, no se ve por qué cae en desgracia y por qué Lisias lo acusa como causante de todos los males. Si animaba al rey, es evidente que no buscaba la salvación de la patria judía.

Quizá el autor quiere sugerir lo siguiente: que Menelao proponía a Antíoco como solución el confiarle a él el gobierno de Judá, con lo cual acabarían los intentos de autonomía del Macabeo y sus desafíos militares. Pero Lisias retuerce esos intentos acusándolo de haber causado todos esos males; quizá aludiendo a su función mediadora (11,32).

El autor no consideraba a Menelao como sumo sacerdote legítimo: vive en el extranjero al servicio del extranjero. Cuando muere, no hay necesidad de reemplazarlo. Perece con la ejecución de un "saqueador de templos", con una pena del talión que prueba la justicia de Dios.

13,9 Con un toque de venganza judía parece aplicar el autor al rey un adjetivo típicamente griego: bebarbaromenos, "hecho un bárbaro".

13,10-11 Según Judas, en esta batalla se lo juegan todo; pues en estos tres valores, ley, patria y templo, se condensa todo lo que da sentido a su vida. De donde se sigue que, según el autor, ya bajo Judas los judíos tienen una patria y que a ello no se opone el hecho de ser vasallos del Seléucida.

13,12 El título "misericordioso" recuerda de nuevo que estamos en el tiempo de la gracia (uno de los principales causantes de la ira, Menelao, ha sido eliminado ya). Los tres días parecerían dar tiempo al enemigo para proseguir su avance; esto no tiene importancia para el autor, que quiere conceder a sus héroes un tiempo ritual.

13,13 La geografía está simplificada: aquí se supone que el rey todavía no ha penetrado en territorio judío; desde Jerusalén Judas marcha al noroeste, cerca de la costa, por donde quizá acampa el rey. Después éste rodea hasta el sur del territorio, donde se encuentra Betsur. Las demás plazas fuertes no se especifican.

13,14 Las instituciones son, en realidad, las leyes judías; con el nombre griego politeia, la ciudad se menciona como centro y concreción de la patria. Modín había sido el lugar donde estalló la rebelión, según 1 Mac 2; el autor de nuestro libro no la ha mencionado; quizá la daba por conocida.

13,15-17 El ejército deciento quince mil hombres queda liquidado en una expedición nocturna de un grupo selecto, porque intervienen la confusión y el pánico de la guerra santa. Es como la victoria de Gedeón, pero con bajas enemigas bien contadas. Por la mañana todo se ha acabado, como en otras noches célebres de la historia, especialmente la de Senaquerib. La mañana es tiempo de gracia. Se cumple lo anunciado por Is 17,14.

No ha habido bajas judías, ni siquiera al matar al elefante; compárese con 1 Mac 6,43.

13,19 Aquí comienza el refinamiento estilístico de los verbos, unidos y rimados para el contraste, a la letra: "Se acercaba, era rechazado, atacaba, era derrotado". En cuatro palabras se sintetiza una acción bastante diversa según la versión de 1 Mac 6,49.

13,21 Sigue el procedimiento estilístico, con tres verbos seguidos para despachar a Ródoco. Su traición resulta así un episodio sin consecuencias. Desde la audaz expedición nocturna todo se precipita, sin que pase tiempo sensible. Es como si todo sucediese la misma mañana.

13,23 La noticia sobre Felipe no cuadra bien con lo dicho en 9,29: Felipe era albacea de Antíoco Epífanes y rival de Lisias. Su actitud sumisa y benévola contrasta fuertemente con los "planes feroces" con que vino.

13,24 Tolemaida se encuentra en la costa un poco al norte de Jaifa; el otro extremo parece ser la frontera de Egipto. Se trata de la región costera llamada en griego paralia.

2 MACABEOS. CAPÍTULO XII

 Nuevas hazañas de Judas

121Cuando acabaron  las negociaciones, Lisias volvió adonde el rey, y los judíos volvieron a sus trabajos del campo.

2Entre los gobernadores locales, Timoteo, Apolonio de Geneo, más Jerónimo y Demofón, a los que hay que añadir a Nicanor, jefe de los chipriotas, no les dejaban tranquilos ni vivir en paz.

3Y los habitantes de Jafa cometieron el crimen horrendo que voy a contar: sin aparentar la menor intención hostil, invitaron a los judíos que vivían en la ciudad a subir, con sus mujeres y niños, a las naves que ellos mismos habían equipado. 4Como se trataba de un decreto público de la ciudad, y los judíos deseaban vivir en paz, y no abrigaban ninguna sospecha, aceptaron la invitación; pero cuando estaban en alta mar, los echaron a pique; eran por lo menos doscientos.

5Cuando Judas recibió la noticia de aquella crueldad contra sus compatriotas, dio órdenes a sus hombres, 6e invocando a Dios, justo juez, marchó contra los asesinos de sus hermanos, les incendió de noche el puerto, les quemó las naves y pasó a cuchillo a los que se habían refugiado allí.

7Como la ciudad estaba cerrada, se retiró, pero con intención de volver para acabar con Jafa, 8y al recibir la noticia de que los de Yamnia intentaban hacer lo mismo que con los judíos que vivían allí, 9los atacó de noche y prendió fuego al puerto con todos los navíos, de forma que el resplandor del incendio se vio hasta en Jerusalén, a cuarenta y cinco kilómetros.

10Se había alejado de allí unos dos kilómetros en un avance contra Timoteo, cuando cayeron sobre él por lo menos cinco mil árabes con quinientos de caballería. 11Se trabó un violento combate, y con la ayuda de Dios vencieron los de Judas. Los nómadas, derrotados, le pedían la paz, prometiendo entregarle ganado y serle útiles en el futuro. 12Judas pensó que realmente podían serle útiles de muchas maneras, y accedió a hacer las paces con ellos; después de concertar la paz, se fueron a sus tiendas.

13Atacó también una ciudad llamada Caspín, defendida con terraplenes y amurallada, en la que vivía gente de toda raza. 14Los de dentro, confiados en sus murallas inexpugnables y en los depósitos de víveres, se mostraron insolentes contra los de Judas, insultándolos, y encima blasfemando y profiriendo palabras nefandas. 15Los de Judas invocaron al supremo Soberano del universo, que en tiempos de Josué derruyó Jericó sin arietes ni máquinas bélicas. Luego asaltaron ferozmente la muralla. 16Y cuando conquistaron la ciudad por voluntad de Dios, hicieron una matanza indescriptible, hasta el punto de que el estanque vecino, de unos cuatrocientos metros de ancho, aparecía lleno de la sangre que afluía a él.

17Se alejaron de allí unos ciento cuarenta kilómetros y llegaron a Querac, donde habitan los judíos tubianos; 18pero a Timoteo no lo encontraron en aquella región, porque, al no conseguir nada por entonces, se había marchado de allí, dejando en su lugar una guarnición, por cierto muy fuerte. 19Dositeo y Sosípatro, oficiales del ejército del Macabeo, fueron allá y aniquilaron a la guarnición que había dejado Timoteo en la plaza fuerte: más de diez mil hombres.

20Por su parte, el Macabeo distribuyó sus tropas en varios cuerpos; nombró jefes a aquellos dos, y se lanzó contra Timoteo, que tenía un ejército de ciento veinte mil de infantería y dos mil quinientos jinetes.

21Cuando Timoteo recibió la noticia de la llegada de Judas, envió las mujeres, los niños y el resto del bagaje al lugar llamado Karnión, inexpugnable e inaccesible por lo angosto de los pasos en toda aquella zona.

22Cuando apareció el primer destacamento de Judas, el terror se apoderó de los enemigos, el pánico ante la manifestación del Omnividente; y emprendieron la huida, lanzándose cada uno por su lado, hiriéndose unos a otros muchas veces, atravesándose con sus espadas. 23Judas los persiguió impetuosamente; acribilló a aquellos criminales y aniquiló a unos treinta mil hombres. 24El mismo Timoteo, que fue a caer entre las tropas de Dositeo y Sosípatro, les pedía con mucha diplomacia que lo dejaran vivo, porque tenían en su poder a los padres de muchos y a los hermanos de otros, y podría suceder que dieran cuenta de ellos. 25Logró convencerlos a base de muchos razonamientos, con la promesa de devolverlos ilesos, y lo dejaron en libertad con el fin de salvar a sus hermanos.

26Judas marchó después contra Karnión y el santuario de Atargate, y mató veinticinco mil hombres. 27Después de derrotarlos y aniquilarlos, marchó contra Efrón, una ciudad fortificada donde residía Lisias y una muchedumbre, abigarrada. Jóvenes robustos, alienados ante la muralla, la defendían valerosamente, y dentro estaban bien provistos de proyectiles y máquinas bélicas. 28Después de invocar al Soberano, que con su poder tritura las fuerzas del enemigo, conquistaron la ciudad y mataron unos veinticinco mil de los que había dentro.

29Partiendo de allí, se lanzaron contra Escitópolis, distante más de cien kilómetros de Jerusalén; 30pero como los judíos de allí aseguraron que los de Escitópolis los trataban con deferencia y que los habían acogido humanitariamente en los momentos de infortunio, 31Judas y los suyos les dieron las gracias y los exhortaron a seguir siendo en el futuro benévolos con los de su raza. Próxima ya la fiesta de las Semanas, llegaron a Jerusalén, 32y después de la fiesta de Pentecostés se lanzaron contra Gorgias, gobernador de Idumea. 33Gorgias salió con tres mil de infantería y cuatrocientos jinetes; 34se entabló el combate y los judíos tuvieron unas cuantas bajas. 35Un tal Dositeo, jinete muy valiente de los de Bacenor, sujetaba a Gorgias por el manto y lo arrastraba a pura fuerza, queriendo cazar vivo a aquel maldito; pero uno de los jinetes tracios se lanzó contra Dositeo, le cercenó el brazo y así Gorgias pudo huir a Maresá.

36Por otra parte, los de Esdrías* estaban agotados porque llevaban combatiendo mucho tiempo. Judas invocó al Señor para que se mostrara aliado y dirigiera la batalla. 37En la lengua materna lanzó el grito de guerra, y entonando himnos irrumpió por sorpresa entre los de Gorgias y los puso en fuga.

38Judas congregó el ejército y marchó a la ciudad de Adulán, y como llegaba el día séptimo se purificaron según el rito acostumbrado, y allí mismo celebraron el sábado. 39Al día siguiente, porque ya urgía, los de Judas fueron a recoger los cadáveres de los caídos, para sepultarlos con sus parientes en las sepulturas familiares. 40Y bajo la túnica de cada muerto encontraron amuletos de los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Todos vieron claramente que aquélla era la razón de su muerte. 41Así que todos alababan las obras del Señor, justo juez, que descubre lo oculto, 42e hicieron rogativas para pedir que el pecado cometido quedara borrado por completo.

Por su parte, el noble Judas arengó a la tropa a conservarse sin pecado, después de ver con sus propios ojos las consecuencias del pecado de los caídos. 43Después recogió dos mil dracmas de plata en una colecta y las envió a Jerusalén para que ofreciesen un sacrificio de expiación. Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección. 44Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos. 45Pero considerando que a los que habían muerto piadosamente les estaba reservado un magnífico premio, la idea es piadosa y santa. 46Por eso hizo una expiación por los caídos, para que fueran liberados del pecado.

Explicación.

12 Se diría que, después del pacto de tolerancia religiosa, se ha terminado la historia. Sin embargo, el libro continúa. Para ello tiene que recomenzar a nivel inferior de gobernadores locales, para remontarse al rey en el cap. 13. Geográficamente se aprecia una expansión, pues Judas sale del territorio de Judá. Primero en una expedición de represalia contra dos poblaciones de la costa mediterránea;  después en una campana por Transjordania, en busca del general enemigo, Timoteo; después en la zona meridional. Son datos episódicos no bien motivados: si la expedición contra Jafa y Yamnia tiene por objeto vengar y defender a los judíos allí residentes, las de Transjordania e Idumea parecen ser causadas por la hostilidad de los dos generales.

En 1 Mac 5 también se trata de defender a poblaciones judías fuera del territorio judío. Además, después de conquistas, batallas y matanzas, no se aprecian resultados políticos estables. Lo único que se confirma es que Judas es invencible. Y como el autor no dispone de grandes recursos narrativos, la serie resulta monótona, episódica, sólo animada por algún rasgo anecdótico o por alguna enseñanza teológica. Véase 1 Mac 5.

12,1-2 Firmada la paz a nivel del rey y del primer ministro, esa paz es turbada por los gobernadores locales, que disfrutaban de suficiente autonomía; sabemos por 1 Mac que el rey era un niño. Los judíos vuelven a sus tareas pacíficas, como preveía el decreto real (11,23.26). Las tareas agrícolas se oponen paradigmáticamente a la vida militar.

Son los otros los que comienzan a turbar esa paz. Así lo hace entender el autor al introducir la nueva serie.

12,3-4 Parece que se trata de festejos a los que son invitados oficialmente, "por decreto", los judíos residentes en la localidad. Los judíos eran una minoría pacífica; si seguían sus costumbres tradicionales, es fácil que no participasen en los festejos ciudadanos, sobre todo si éstos tenían carácter religioso. Esto explicaría el carácter oficial y nuevo de la invitación.

12,7 El puerto quedaba fuera de la ciudad fortificada, como el Grao de nuestras poblaciones mediterráneas. Yamnia queda unos kilómetros al sur de Jafa: el autor se queda corto en dar la distancia de Jerusalén y largo en indicar las dimensiones del incendio.

12,10 La incursión árabe es normal que sucediera en Transjordania, es decir, cuando el Macabeo marcha en busca de Timoteo, para obligarle a una batalla abierta. Los árabes controlaban las rutas de caravanas, y pudieron sentirse amenazados por la incursión de Judas. Se comprende que, al entender las intenciones de éste y aleccionados por la derrota, prefirieran un tratado de paz. Con su amistad tenían algo importante que ofrecer al jefe judío.

12,13 La villa está situada en las alturas del Golán, al este del lago de Genesaret. En el asalto a esta ciudad el Macabeo se enfrenta con una pluralidad de naciones, lo mismo que cuando afronta ejércitos de mercenarios.

12,17 La región de los tubianos se encuentra al este, camino de Bosoroa en la zona del Haurán. La distancia que da el autor parece medida desde el Jordán mucho más al sur.

12,21 Camión queda al este de Caspín. Poseía un santuario famoso de Astarté y, al parecer, otro de Atargate. Es probable que poseyera derecho de asilo.

12,22 El autor liga la aparición del destacamento (epiphaneises) y la de Dios (epiphaneias). Pánico, fuga desordenada y herirse unos a otros son tópicos de la guerra santa.

12,27 Efrón se encuentra al sur, a poca distancia del Jordán.

12,29 Escitópolis es la antigua Beisán, cerca del Jordán, llave de acceso al valle de Yezrael.

12,36 * Esdrías es quizá el mismo que Eleazar de 8,23.

12,38 Adulán es la región donde se escondió David, al suroeste de Jerusalén.

12,39 Sepultados en los sepulcros de familia, se reúnen con sus padres, según la vieja tradición. No pueden ir a la fosa común ni quedar como pasto de fieras y aves de rapiña. Son los únicos caídos judíos que menciona el autor.

12,40-45 A través de un texto de historia complicada es posible distinguir dos etapas de significación: la de Jasón y la del autor.

Según Jasón, que seguiría la doctrina tradicional, los caídos han muerto por su pecado; la muerte ha sido castigo y expiación del pecado. Y revela el justo juicio de Dios: véase Is 22,14 "expiaréis ese pecado sólo con la muerte". Con esto ha terminado su destino, y pueden servir de escarmiento a los demás soldados. El general les echa un sermón sobre el tema. El pecado entraba en la categoría genérica de idolatría y era contra Dt 7,25.

El pecado de los caídos podía seguir trayendo consecuencias graves para el resto del ejército: así sucedió en el caso de Acán (Jos 7); en el tiempo las consecuencias de un delito pueden continuar por generaciones, porque el pecado no se expía totalmente (1 Sm 3,14: "jamás se expiará su pecado, ni con sacrificios ni con ofrendas").

Es decir, si la parte personal ha quedado expiada con la muerte, la parte colectiva todavía amenaza; por eso hay que orar y ofrecer un sacrificio de expiación, según las normas de Lv 4-5.

La oración se puede hacer en el mismo campo de batalla, el sacrifico se ofrece en el templo.

A esta interpretación tradicional se sobrepone el comentario del autor del libro, en polémica con otras escuelas doctrinales. El está convencido de la resurrección para la vida de los judíos fieles: ya la han alcanzado los mártires, también Jeremías y quizá Onías (15,12-16). Los caídos en la batalla "han muerto piadosamente", pues se trata de la causa noble que es la Ley, aunque manchados por un pecado. Por lo primero están destinados a una recompensa magnífica: la resurrección para la vida; por lo segundo, ésta resulta impedida. Como ellos no pueden expiar la culpa restante, sus hermanos vivos tienen que hacerlo. Se afirma así una comunidad de vivos y muertos en la teocracia y un valor de sacrificios y plegarias por los muertos.

En el tiempo sucesivo los fariseos aceptarán la doctrina de la resurrección, no así los saduceos. La frase, colgante en el texto griego, "ridículo e inútil rezar por los muertos", podría ser cita de la doctrina de una escuela. Esta página ha sido una de las más citadas y comentadas del presente libro.

2 MACABEOS. CAPÍTULO XI

 Expedición de Lisias (1 Mac 4,26-35)

111Muy poco tiempo después, Lisias, tutor y pariente del rey y jefe del Gobierno, muy disgustado por lo ocurrido, 2reunió unos ochenta mil hombres y toda la caballería y avanzó contra los judíos, con el proyecto de establecer en Jerusalén colonos griegos, 3someter al templo al pago de impuestos como los demás santuarios de los paganos y poner en venta todos los años el sumo sacerdocio. 4Ensoberbecido por las miríadas de soldados, los millares de jinetes y los ochenta elefantes, no se le ocurría pensar para nada en el poder de Dios.

5Cuando entró en Judá se aproximó a Betsur, que es una plaza fuerte distante de Jerusalén como unas cinco leguas, y la atacó.

6Cuando los del Macabeo recibieron la noticia de que Lisias estaba asediando las plazas fuertes, sollozando y llorando suplicaban al Señor, junto con el pueblo, que enviara un ángel bueno para salvar a Israel. 7El Macabeo en persona empuñó las armas el primero, y arengó a los demás, urgiéndoles a socorrer a sus hermanos, exponiéndose al peligro con él. 8Se lanzaron todos animosos, y allí, cerca todavía de Jerusalén, se les apareció, al frente del ejército, un jinete con vestiduras blancas, blandiendo armas de oro.

9Todos a una alabaron al Dios misericordioso, y quedaron enardecidos, dispuestos a derribar no sólo a hombres, sino a las fieras más feroces y a murallas de hierro. 10Avanzaban ordenadamente, teniendo un aliado celestial, porque el Señor se había compadecido de ellos. 11Se arrojaron contra el enemigo como leones, y dejaron tendidos a once mil de infantería y mil seiscientos jinetes, y obligaron a huir a los demás, 12pero la mayoría se salvaron con heridas y desarmados; el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente.

13Como no era tonto, reflexionó sobre la derrota que había sufrido, y pensando que los hebreos eran invencibles por luchar con ellos como aliado el Dios poderoso, 14les envió una embajada para proponerles un arreglo en términos justos y prometiendo persuadir al rey de la necesidad de aliarse con los judíos.

15El Macabeo, pensando en el bien común, accedió a todo lo que proponía Lisias. Y el rey concedió todo lo que el Macabeo pidió por escrito a Lisias en favor de los judíos. 16La carta de Lisias a los judíos estaba concebida en los siguientes términos:

<<Lisias saluda al pueblo judío.

17>>Juan y Absalón, vuestros embajadores, me han entregado el documento firmado y me han pedido ratificar su contenido. 18Todo lo que había que comunicar al rey se lo expuse ya, y concedí todo lo que entraba en mis atribuciones.

19>>Así, pues, si perseveráis en esa buena disposición hacia el gobierno, procuraré trabajar en vuestro favor en el futuro.

20>>He ordenado a vuestros embajadores y a los míos que traten con vosotros las cuestiones de detalle.

21>>Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el veinticuatro de Júpiter Corintio>>.

22La carta del rey decía así:

<<El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias.

23>>Después que mi padre se fue al cielo* queriendo que los súbditos de nuestro Imperio puedan dedicarse sin temor a sus asuntos; 24como hemos sabido que los judíos no les gusta adoptar costumbres griegas como era el deseo de mi padre, sino que prefieren su propio estilo de vida y piden se les permita seguir su legislación; 25deseando que dicho pueblo viva sin temor, hemos determinado restituirles el templo y que vivan conforme a las costumbres de sus mayores.

26>>Así, pues, ten la bondad de enviarles embajadores y hacer con ellos las paces, para que, conociendo nuestros deseos, vivan contentos y puedan atender con gusto a sus asuntos>>.

27La carta del rey para el pueblo era ésta:

<<El rey Antíoco saluda al Senado y al pueblo judío.

28>>Nos alegramos de que estéis bien. También nosotros estamos bien.

29>>Menelao nos ha expuesto que queréis volver a vuestros hogares; 30por tanto, a los que vuelvan a casa, hasta el treinta de abril, les garantizamos la inmunidad.

31>>Los judíos podrán usar sus alimentos y sus leyes como antes, y ninguno de ellos será molestado en absoluto por infracciones cometidas por ignorancia. 32Os envío también a Menelao para que os lo confirme.

33>>Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el quince de abril>>.

34También los romanos les enviaron una carta, que decía así:

<<Quinto Memmio y Tito Mnaio, legados de Roma, saludan al pueblo judío.

35>>Estamos de acuerdo con lo que os ha concedido Lisias, pariente del rey, 36y en cuanto a los puntos que él determinó presentar al rey, estudiadlos bien, y después enviadnos en seguida a alguien que negociemos en provecho vuestro, ya que vamos a Antioquía. 37Por eso, enviadnos pronto algunos para que nosotros conozcamos vuestras propuestas.

38>>Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el quince de abril>>.

Explicación.

11 La batalla con Lisias es más importante porque Lisias ocupa un escalón más alto que Timoteo. Los resultados de la campaña suben hasta el rey y provocan además la intervención romana. El desarrollo de la batallas sigue el esquema conocido, con teofanía, pero sin ciudad de refugio. Compárese con la versión de 1 Mac 4,26-35.

11,3-4 Las intenciones atribuidas a Lisias equivalen en este libro a una vuelta a la situación precedente. Pues el autor concibe una nación independiente, una Jerusalén autónoma como capital y un templo funcionando normalmente. Nunca aclara la situación de las autoridades: parece considerar a Judas como jefe civil y militar suponer un sumo sacerdote con gran autoridad. En el fondo podría influir la concepción de Zacarías, de los dos poderes; en la superficie, la situación no está clara. En todo caso, se considera el templo fuente de pingües ingresos (como en los días, felizmente superados, de Heliodoro, cap. 3). Poner a la venta anualmente el sumo sacerdocio es a la vez un negocio económico, un modo de fomentar los bandos y de controlar la región. Es curioso que en batallas y rogativas no aparezcan sacerdotes; a no ser que el lector bíblico Eleazar (8,23) fuera sacerdote.

11,5 El texto está bastante corrompido. Esta Betsur (= Casarroca, 1 Mac 4,29) parece estar situada al sur de Jerusalé, camino de Hebrón. Lisias parece penetrar por territorio judío como en su tiempo lo hizo Senaquerib; y también él tropezará con un ángel protector de los judíos.

11,6 El ángel del Señor prometido en Ex 23,22 y mencionado en Sal 34,8; 35,6.7.

11,9-10 El título divino de 9 y el verbo de 10 nos recuerdan que estamos en el tiempo de la misericordia divina.

11,11 La comparación tiene antecedentes bíblicos (2 Sm 1,23), pero la forma adverbial es de ascendencia homérica.

11,13-38 El resultado de la batalla es una actividad diplomática convergente. No se ofrece el curso de las negaciones, pero se suponen idas y venidas, conversaciones y embajadas, que formaron la trama. Si el Menelao referido es el mismo que el sumo sacerdote del cap. 4, ha cambiado radicalmente. Quizá lo sea históricamente, pero no así en el funcionamiento del libro. En 4,50 el autor lo dejó "progresando en maldad", lo llama "el mayor adversario de sus conciudadanos"; aquí, en cambio, Menelao aparece como intercesor y mediador.

El contenido se concentra en un punto: el seguir su legislación y usar su templo: es el Estado centrado en el templo, regido por la Ley de Moisés. Es desandar totalmente el camino de Antíoco IV y volver a la tolerancia de su predecesor. La carta habla como si todos los judíos fueran de un partido: así es en la perspectiva del narrador. De la libertad religiosa se seguirá la tranquilidad (fin del régimen de temor) y la dedicación a las tareas comunes (fin de la resistencia pasiva y de las hostilidades). Las cartas están redactadas en un estilo sobrio, que lima las aristas. Aunque los judíos son meros destinatarios, son en realidad los vencedores. Y Judas figura como la autoridad que conduce y concluye las negociaciones.

11,14 Las condiciones razonables o justas que propone Lisias anulan, naturalmente, todos sus planes precedentes sobre el templo y el sumo sacerdote. De otros privilegios y exenciones de impuestos no se dice nada.

11,19 Las buenas disposiciones incluyen un reconocimiento del poder sirio y el deponer las armas.

11,23 * Literalmente: "fue a juntarse con los dioses".

11,25 "Que vivan": se trata de la vida ciudadana (politeuesthai), organizada y gobernada por la Ley revelada.

11,29-32 La vuelta a los hogares puede referirse en primer término a los que se habían echado a los montes durante la persecución; en segundo término podría incluir a los exiliados por sus tendencias helenizantes. En la perspectiva del libro el segundo caso exigiría una conversión radical.

Las ignorancias se pueden entender desde el punto de vista del rey (como en 1 Mac 13,39): se trataría de infracciones legales puramente materiales. Desde el punto de vista judío, esas ignorancias son faltas materiales contra los preceptos de la Ley, que exigen expiación cuando el autor cae en la cuenta (Lv 4; Nm 15); tendría mucha aplicación en los tabúes alimenticios. Así resulta que el texto de la carta podría leerse como una pacificación de los partidos judíos, concedida la victoria al de los "leales". Probablemente el autor del libro no comparte esa lectura posible.

2 MACABEOS. CAPÍTULO X

 Purificación del templo (1 Mac 4,36-61)

101El Macabeo y su gente, guiados por el Señor, reconquistaron el templo y la ciudad, 2derruyeron los altares levantados por los extranjeros en la plaza pública y sus templos.

3Después de purificar el templo, levantaron otro altar, y con fuego sacado del pedernal ofrecieron sacrificios después de una interrupción de dos años, quemaron incienso, encendieron las lámparas y presentaron los panes.

4Hecho esto, se postraron en tierra y suplicaron al Señor no volver a caer en tales desastres, sino que, si alguna vez pecaban, los castigara él con moderación, pero que no los entregara a extranjeros blasfemos.

5La purificación del templo cayó en el mismo día en que los extranjeros lo habían profanado: el veinticinco del mismo mes, o sea, diciembre. 6Celebraron con regocijo ocho días de fiesta, como la de las Chozas, recordando que poco antes, en tiempo de esa fiesta, andaban por los montes y las cuevas, viviendo como animales salvajes. 7Por eso, llevando tirsos, ramos verdes y palmas, entonaban himnos al que había llevado a buen fin la purificación de su lugar santo, 8y determinaron, mediante decreto público votado en la asamblea y obligatorio para todo el pueblo judío, celebrar todos los años aquellos días de fiesta.

Hazañas de Judas (1 Mac 5,1-8)

9Así acabó Antíoco, por sobrenombre Epífanes. 10Ahora vamos a tratar de Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío, dando un resumen de los daños causados por las guerras.

11Cuando Eupátor subió al trono nombró jefe de Gobierno a un tal Lisias, gobernador supremo de Celesiria y Fenicia; 12pues Tolomeo, el apodado Macrón, que se distinguió en tratar con justicia a los judíos, para reparar la injusticia que habían cometido con ellos, procuraba gobernarlos pacíficamente, 13y, en consecuencia, los Grandes del Reino lo acusaron ante Eupátor, y como a cada paso estaba oyéndose llamar traidor, por haber abandonado Chipre, que le había confiado Filométor, y haberse pasado al partido de Antíoco Epífanes, viendo que no había ejércido su cargo con honor, se suicidó, envenenándose.

14Por su parte, Gorgias, nombrado gobernador de la región, mantenía tropas mercenarias, y a cada paso hostigaba a los judíos. 15Al mismo tiempo, también los idumeos, apoderándose de plazas fuertes estratégicas, molestaban a los judíos, y procuraban atizar la guerra acogiendo a los fugitivos de Jerusalén. 16Los del Macabeo, después de unas rogativas para pedir a Dios que fuera su aliado, atacaron las plazas fuertes de los idumeos: 17las asaltaron impetuosamente, las conquistaron, rechazaron a los que luchaban en las murallas, acuchillaron a los que cayeron en sus manos y eliminaron por lo menos a veinte mil.

18Nueve mil fugitivos por lo menos se refugiaron en dos catillos bien defendidos, provistos de todo lo necesario para soportar un asedio. 19El Macabeo dejó a Simón y Josefo, y también a Zaqueo, con bastante tropa para mantener el cerco, y él marchó a los sitios de mayor urgencia. 20Pero los de Simón, hambrientos de dinero, se dejaron sobornar por algunos de los refugiados en los castillos, y por siete mil dracmas los dejaron escapar. 21Cuando informaron al Macabeo de lo sucedido, reunió a los oficiales del ejército y les acusó de haber vendido a sus hermanos por dinero, dejando libres a sus adversarios. 22Hizo ejecutar a los traidores y conquistó en seguida los dos castillos. 23Aquella operación militar, dirigida personalmente por él, fue un éxito: en las dos plazas mató a más de veinte mil.

24Pero Timoteo, derrotado antes por los judíos reclutó muchísimas tropas extranjeras, juntó muchos caballos de Asia y se presentó para conquistar a punta de lanza Judá. 25Cuando él se aproximaba, los del Macabeo, echándose tierra a la cabeza y ciñéndose sayal a la cintura, con rogativas a Dios pedían, 26postrados al pie del altar, que les favoreciera, que fuera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como dice expresamente la Ley. 27Al terminar la oración, empuñaron las armas y avanzaron bastante fuera de la ciudad; cuando llegaban cerca de los enemigos se detuvieron.

28Al romper el alba se entabló el combate. Unos llevaban como garantía de triunfo y de victoria, aparte de su valor, el recurso al Señor; los otros sólo tenían a su propio arrojo como jefe en las batallas. 29lEn lo más recio del combate, los enemigos vieron en el cielo cinco hombres resplandecientes montando caballos con frenos de oro: se pusieron a la vanguardia de los judíos, 30colocaron en medio al Macabeo y lo cubrieron con sus propias armas, para guardarlo incólume, mientras disparaban flechas y rayos contra los enemigos; éstos, desconcertados y deslumbrados, se desorganizaron, llenos de pánico. 31Cayeron veinte mil quinientos, y seiscientos jinetes. 32El mismo Timoteo tuvo que huir a la plaza fuerte llamada Guézer, muy bien fortificada, cuyo jefe era Quereas. 33Pero los del Macabeo asediaron la fortaleza durante cuatro días, llenos de entusiasmo. 34Los de dentro, confiando en lo inaccesible de la plaza, blasfemaban a destajo, ensartando palabras nefandas.

35Al amanecer del quinto día, veinte muchachos del ejército del Macabeo, enfurecidos por aquellas blasfemias, asaltaron valerosamente el muro, y con furor salvaje mataban a todo el que les salía al paso. 36Los demás escalaron por otra parte, y sorprendiendo a los sitiados incendiaron los torreones, prendieron hogueras y quemaron vivos a los blasfemos. Mientras tanto, otros rompieron las puertas, y así metieron dentro al resto de la tropa y conquistaron la plaza. 37A Timoteo, escondido en una cisterna, lo degollaron; también a su hermano Quereas y a Apolófanes.

38Después de aquella hazaña, bendecían con himnos de alabanza al Señor, que había hecho a Israel un beneficio tan grande concediéndoles aquella victoria.

Explicación.

10 1-8 El puesto natural de esta sección es detrás de 8,29, es decir, después de la victoria decisiva sobre Nicanor y preparando la muerte de Antíoco. Ahora separa violentamente 10,9-18 de 9,29.

La purificación del templo está narrada con amplitud en 1 Mac 4,36-59 como acontecimiento trascendental. También el autor de la primera carta lo considera un hecho capital: 2 Mac 1,19.22. En cambio, nuestro autor no parece concederle tanta importancia. En 5,19 ha anunciado la tesis: "El Señor no eligió al pueblo para el lugar santo, sino al lugar santo para el pueblo".

10,2 Era uso pagano erigir altares en la plaza pública.

10,3 Profanado según 6,5. El fuego así obtenido no es profano: véase Lv 10.

10,4 Véase 5,17ss y la elección de David en 2 Sm 24,14. "Con moderación"; parece alusión resumida al Sal 103.

10,6-7 La fiesta de las Chozas quería ser una dramatización litúrgica del tiempo del desierto, transformando en gozo el recuerdo de las penalidades. En cambio, aquí se opone la vida vagabunda de antes, durante la persecución. El tiempo del año, diciembre, no recomendaba unos días a la intemperie.

10,8 Sobre esta fiesta, véase la segunda carta de la introducción, capítulos 1-2.

10,9-38 La nueva era, comenzada e ilustrada en el cap. 8, se desarrolla con bastante monotonía en los capítulos que siguen. En efecto, los judíos son ahora invencibles e irresistibles, y los ataques o la resistencia enemiga sólo sirven para demostrar el hecho o el principio. Los mejores generales son derrotados, o mueren, o huyen, o piden la paz. El rey  mismo tiene que pedir la paz. Ejércitos enormes sirven para aumentar el número de los caídos. Las murallas ceden, las fortalezas se rinden. Y, sobre todo, Judas hace al enemigo muchas bajas: sumando las que el autor cuenta nos salen casi doscientas cuarenta mil; a las que se añaden las no contadas o las incontables. En cambio, de parte judía no oímos que haya bajas: dos veces unos traidores son ejecutados y una vez unos soldados mueren por llevar amuletos encima.

El esquema de las batallas no varía mucho. Se puede distinguir el ataque a un general o a una plaza fuerte; a veces la plaza fuerte es la segunda etapa de una batalla. Suele comenzar un ataque, los judíos oran y se lanzan al ataque, a veces sobreviene una aparición celeste, victoria con el número de bajas, acción de gracias. Una variante interesante es el final con firma de tratado.

Es difícil apreciar en la serie un movimiento geográfico coherente. La lista de enemigos es la siguiente: idumeos, Timoteo con Guézer, Lisias, Jafa y Yamnia, árabes, Caspín, Querac, Timoteo con Carnión, Efrón, Gorgias, Antíoco y Nicanor. El autor no desaprovecha las ocasiones para ejercitar su pericia estilística de signo retórico.

10,11 Lisias tiene el mando supremo; en Cisjordania gobierna Gorgias; en Transjordania, Timoteo. Los idumeos parecen poseer una cierta autonomía.

10,12-13 Sobre este Tolomeo, véanse 4,45 y 6,8. Había estado al servicio del rey de Egipto y se pasó al rey de Siria. Al morir Antíoco Epífanes ya no se siente seguro con su hijo y sucesor.

10,14 Estos fugitivos de Jerusalén tienen que ser miembros destacados del partido colaboracionista, no tolerados bajo el poder de Judas. El autor no quiere entrar en detalles sobre esa división interna, pero hace entender que no entran en la designación genérica "los judíos".

10,16 Dios como aliado: véase 8,24.

10,19 A Simón y Josefo los conocemos de 8,22. El desafuero sucede en ausencia de Judas. Castigados los traidores, las dos fortalezas caen "en seguida".

10,24 En rigor Timoteo gobierna la Transjordania. Pero el autor finge una Judea autónoma, teocrática, asaltada por un enemigo externo. Quizá por esta razón adelanta unos veinte años la conquista de Guézer, realizada por Simón el 142 a. C., y se la atribuye a Judá.

Véase 8,30.32

10,26 El texto citado se lee en Ex 23,22 en el epílogo del Código de la Alianza. En el mismo contexto Dios promete enviar "un ángel"; de donde puede haber surgido la teofanía a servicio de Judas. Más adelante, 23,23, promete desalojar a seis pueblos habitantes de Canaán; en nuestro texto hay que notar que el ejército enemigo se compone de "muchísimas tropas extranjeras".

10,29 Véase 3,25; 5,3. Lanzar rayos es una acción teofánica (Sal 18, 14-15); el Macabeo es una especie de David en la batalla del pueblo. El desconcierto y pánico del enemigo son comunes en la guerra santa. El autor usa una terminología intencionada, que consagra la autoridad del Macabeo, sin llegar a llamarlo "ungido".

10,33-34 También la resistencia en una plaza fuerte y las blasfemias e insultos recuerdan el episodio davídico de la fortaleza jebusea conquistada (2 Sm 5).

2 MACABEOS. CAPÍTULO IX

 Muerte de Antíoco Epífanes (1 Mac 6,1-6)

91Por aquel entonces Antíoco se había tenido que retirar en desorden del territorio persa, 2porque al llegar a la capital, Persépolis, empezó a saquear el templo y a ocupar la ciudad; con eso las turbas recurrieron a las armas, y Antíoco, derrotado y puesto en fuga por los habitantes, tuvo que emprender el regreso ignominiosamente.

3Cuando estaba cerca de Ecbatana, le llegó la noticia de lo ocurrido con Nicanor y a los de Timoteo, 4y fuera de sí por la ira, pensaba cobrar a los judíos la injuria de los que le habían puesto en fuga. Por eso ordenó al auriga avanzar sin detenerse hasta el final del viaje. Pero ¡viajaba con él la sentencia del cielo! Porque dijo jactanciosamente:

-Cuando llegue allá convertiré a Jerusalén en un cementerio de judíos.

5Pero el señor, que lo ve todo, el Dios de Israel, lo castigó con una enfermedad invisible e incurable; pues apenas había pronunciado esa frase le sobrevino un incesante dolor de vientre, con unas punzadas agudísimas 6(cosa perfectamente justa, ya que él había atormentado las entrañas de otros con tantísimos tormentos refinados). 7Pero todavía no desistió de su soberbia. Es más, rebosando arrogancia, respirando contra los judíos el fuego de su cólera, mandó acelerar la marcha. Pero se cayó del carro cuando corría a toda velocidad, y con la violencia de la caída se le dislocaron todos los miembros del cuerpo.

8El que poco antes pensaba, en su ambición sobrehumana, que podía mandar a las olas del mar; el que se imaginaba poder pesar en la balanza las cumbres de los montes, estaba tendido en tierra, y tenía que ser llevado en una litera, mostrando a todos la fuerza manifiesta de Dios, 9hasta el punto de que hervía de gusanos el cuerpo de aquel impío, y la carne se le desprendía en vida en medio de terribles dolores; en todo el campamento no se aguantaba el hedor de su podredumbre. 10Al que poco antes parecía capaz de tocar las estrellas, nadie podía transportarlo, por su olor inaguantable.

11Entonces, postrado por la enfermedad, empezó a ceder en su arrogancia. Al aumentar los dolores a cada momento, llegó a reconocer el castigo divino 12y no pudiendo soportar su propio hedor, dijo:

-Es justo que un mortal se someta a Dios y no quiera medirse con él.

13Pero aquel criminal rezaba a un soberano que ya no se apiadaba de él. 14Decía que declararía libre a la Ciudad Santa, hacia la que antes caminaba a toda prisa para arrasarla y convertirla en cementerio; 15que daría los mismos derechos que a los atenienses a los judíos, de quienes había decretado que ni sepultura merecían, sino que los echasen de comida a las fieras y aves con sus hijos; 16que adornaría con bellísimos exvotos el templo santo que antes despojó; que regalaría muchos más objetos sagrados; que pagaría los gastos de los sacrificios con sus propios ingresos 17y que encima se haría judío y recorrería todos los lugares habitados anunciando el poder de Dios.

18Como los dolores no cesaban de ninguna forma, pues el justo juicio de Dios había caído sobre él, sin esperanza de curación, escribió a los judíos, en forma de súplica, la carta que copiamos a continuación:

19<<El rey y general Antíoco envía muchos saludos a los nobles ciudadanos judíos, deseándoles bienestar y prosperidad.

20>>Espero que gracias al cielo os encontréis bien vosotros y vuestros hijos, y que vuestros asuntos marchen según vuestros deseos.

21>>Guardo un recuerdo muy afectuoso de vuestro respeto y benevolencia. Al volver de Persia he contraído una enfermedad muy molesta, y me ha parecido necesario proveer a la seguridad pública. 22No es que yo desespere de mi situación -al contrario, espero salir de la enfermedad-; 23pero pienso que también mi padre, siempre que organizaba una expedición militar al norte, nombraba un sucesor, 24para que si ocurría algo imprevisto o llegaban malas noticias, los súbditos de las provincias no se intranquilizaran, sabiendo a quién había quedado confiado el gobierno. 25Además sé bien que los soberanos vecinos, en las fronteras de nuestro Imperio, están espiando la ocasión, a la espera de un acontecimiento; por eso he nombrado rey a mi hijo Antíoco, al que muchas veces recomendé y confié a la mayoría de vosotros mientras yo recorría las provincias del norte. A él le he escrito la carta que va a continuación.

26>>Así, pues, os exhorto y ruego que, recordando mis beneficios públicos y privados, mantengáis todos para con mi hijo la lealtad que me profesáis. 27Pues estoy persuadido de que él sabrá acomodarse a vosotros, siguiendo moderada y humanamente mi programa político>>.

28Y así aquel asesino y blasfemo, entre dolores atroces, perdió la vida en los montes, en tierra extraña, con un final desastrado, como él había tratado a otros. 29Felipe, su amigo íntimo, trasladó sus restos; pero no fiándose del hijo de Antíoco, se fue a Egipto, a Tolomeo Filométor.

Explicación.

9 La muerte del perseguidor es plato fuerte para un narrador retórico. De la muerte de Antíoco tenemos una versión sucinta en 1 Mac 6,1-16: muere en la cama, en Persia; otra versión más novelesca lo hace morir apedreado en el templo de Nanea (2 Mac 1,13-16). La presente versión destaca por el puesto que ocupa en el libro y por la realización.

Desde el cap. 5 al 9 se despliega un arco: profanación del templo, martirios, derrotas de los generales, muerte del rey. Cobran particular relieve las correspondencias entre los sufrimientos valerosos de los mártires y los dolores atroces de un rey abyecto. Más importante es la gradación: se han enfrentado los dos generales, Nicanor contra Judas, con Dios por aliado; ahora se enfrenta al rey con Dios mismo, en combate singular. Ya lo ha dicho uno de los mártires, 7,19: "te has atrevido a luchar contra Dios". Lucha ha sido el ataque al templo y al pueblo de Dios, y ahora la lucha toma la forma de la soberbia desmedida: a la máxima exaltación ha de seguir la desastrosa caída, y el reconocimiento será tardío. La escena sucede entre Persépolis y Ecbatana. La primera había sido destruida por Alejandro, la segunda no caía en el camino. El autor juega con el prestigio de unos nombres.

En el plano narrativo es un acierto indudable, casi cinematográfico, esa carrera velocísima, que provoca la caída fatal. Está felizmente graduada en dos tiempos, con un tercer tiempo contrastado en la camilla; también en tres tiempos se suceden la ira, la soberbia que no cede y el ceder en la soberbia. Pero el autor no queda satisfecho con narrar, tiene que declamar sus reflexiones retóricas apurando los contrastes. La muerte del perseguidor ha llegado a ser un género literario propio en la tradición posterior.

9,1-2 Comienza sin preparativos, en el momento de la retirada. Según otros testimonios, se trata de Elimaida. Del saqueo del templo no se venga la divinidad correspondiente, sino la población de la ciudad; no así en el caso de Jerusalén.

9,3-4 Según 1 Mac, las noticias hablan de la restauración de Jerusalén, que nuestro libro coloca en el capítulo siguiente. El Dios del cielo no restringe su jurisdicción a un territorio.

9,5 La enfermedad es invisible porque es interna; atestigua que Dios lo ve todo y alcanza a cualquier parte.

9,7 La "arrogancia" es en griego hyperephania, haciendo juego con el título del monarca, Epífanes.

9,8 Son atributo divinos: mandar a las olas del mar Is 51,15; Sal 65,8; 89,10; pesar las montañas, Is 40,12. Es la exaltación descrita líricamente en Is 14 y Ez 28; en el caso de Antíoco, se ha basado en las victorias precedentes y en la paciencia de Dios, según lo explicado en 5,12-14.

"Mostrando": en griego phaneran, de la misma raíz que Epífanes. El monarca, que en su título oficial se presenta como "epifanía" de la divinidad, lo será en su último abatimiento, probando con su derrota el poder del contrario.

9,9 Como "todos los miembros" del v. 7 recordaba las torturas en cada miembro de los mártires, así este hedor puede recordar el olor a quemado de 7,5.

9,10 Véase Is 14,13.

9,12 En oposición a 7,16-17, en boca del quinto mártir.

9,13-17 La serie de promesas, quizá mentales, las transforma el autor en una cadena de contrastes. Se trata de un programa que debería haber seguido: tal es la tarea de un rey extranjero respecto al templo, la ciudad y el pueblo. El programa, recitado ahora, se convierte en acusación. En cuanto a la última promesa, el autor parece citarla como fruto de una mente que desvaría. Anunciar el poder de Dios es lo que ya han hecho Heliodoro y Nicanor (3,34 y 8,36).

9,18 Esta carta es la culminación. Puede muy bien ser invento del autor. Colocada en este sitio suena como testamento del monarca mendigando el apoyo de los judíos para su hijo y sucesor. Refleja a la vez la abyección del rey y su desfachatez, que toca el cinismo en las palabras finales. El efecto retórico es patente; por eso, a renglón seguido, el autor llama al rey "asesino y blasfemo". El punto es que el efecto retórico se desprende sin comentarios, mientras que otras veces el autor hace el comentario interrumpiendo la narración. Fuera del presente contexto, la carta tendría otro sentido muy distinto.

El momento de la sucesión era muy delicado por las perpetuas rivalidades de personas y partidos. La continuación lógica se encuentra en 10,9.

2 MACABEOS. ÍNDICE

  2 MACABEOS. INTRODUCCIÓN. 2 MACABEOS. CAPÍTULO I 2 MACABEOS. CAPÍTULO II 2 MACABEOS. CAPÍTULO III 2 MACABEOS. CAPÍTULO IV 2 MACABEOS. CAPI...